Soy el Pastor
Eduardo Baeza
Nací en Ciudad Juárez, como el segundo hijo de una madre dedicada al hogar y un padre trabajador y comprometido. Desde pequeño, fui formado en valores sólidos: respeto, compromiso, educación y una profunda pasión por el deporte.​

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​A los 17 años, inicié una prometedora carrera como futbolista profesional con el equipo Cobras de Ciudad Juárez, logrando el ascenso a Primera División en 1987 y debutando en el Estadio Azteca contra el Cruz Azul.
Durante 12 años viví intensamente el fútbol, hasta que las lesiones y la falta de oportunidades me llevaron a retirarme.
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Mi siguiente etapa fue como contratista en la industria maquiladora, trabajando en instalaciones electromecánicas y construcción. Aunque no tenía experiencia técnica, mi disciplina férrea y determinación —forjadas en el deporte— me llevaron a lograr una estabilidad económica que superó todas mis expectativas.
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Pero mientras más subía en el mundo laboral, más me alejaba de lo que verdaderamente importaba. Mi relación con mi esposa y mis hijos comenzó a desgastarse. Tenía éxito, pero estaba perdiendo mi familia… y a Dios.
Fue entonces, en medio de un profundo vacío, que Dios me llamó con cuerdas de amor. En octubre de 2009, escuché claramente en mi interior:
"Yo te enseñaré cosas grandes y maravillosas que aún no conoces."
Esa voz cambió mi vida. Comenzó una renovación profunda: mi visión, mi corazón, y mi familia fueron restaurados sobrenaturalmente.
Después de un tiempo de crecimiento espiritual, recibí el llamado al ministerio pastoral, y en septiembre de 2012 abrimos por primera vez las puertas de lo que hoy es Comunidad de Dios El Paso. Junto a mi esposa Rosi y nuestros hijos, comenzamos desde casa… con fe, obediencia y la certeza de que si Dios lo hizo con nosotros, puede hacerlo con muchos más.


Hoy sigo sirviendo como pastor, maestro y evangelista, con pasión por formar discípulos y restaurar familias.
También soy constructor y empresario, porque aprendí que todo lo que soy y hago, es para la gloria de Dios.
La Iglesia Comunidad de Dios no es un templo. Es una familia. Y yo soy solo un hombre restaurado, que cree con todo el corazón que Dios aún tiene el poder de levantar lo que parecía perdido.






